jueves, 7 de abril de 2011

EL BARROCO EN EL CONTINENTE AMERICANO


EL BARROCO EN AMÉRICA


Claudio de Arciniega. Exterioe de la Catedral metropolitana de México
 
Antecedentes:
Desde la llegada de los españoles a América, el número de nuevas ciudades fue en crecimiento constante. La posibilidad de planificar desde el principio el desarrollo urbano de un territorio hizo posible realizar la utopía renacentista, que aspiraba a recuperar el plano reticular del arquitecto griego Hipódamos de Mileto, con calles que se cortan en ángulo recto y manzanas regulares de casas trazadas (a cordel y regla), según dicen las leyes indias.
En todas ellas tuvo una gran importancia la plaza mayor o plaza de armas, centro político, económico y religioso dentro de la cuidad. Pero la conquista no solo fue una empresa militar, sino también religiosa.

 Capilla de Rosario, iglesia del convento de Santo Domingo, Puebla- México

Al principio fueron conventos, fundados por órdenes mendicantes, como franciscanos y dominicos, que en ocasiones, levantaron misiones, convertidas también en núcleos de población. Tras las primeras décadas del siglo XVI, plagadas de interesantísimas experiencias arquitectónicas, se emprende la construcción de catedrales.
Tuvo mucho éxito una planta de salón con columnas y bóvedas a la misma altura (Hallenkirchen), que se había utilizado en Europa desde los tiempos finales del gótico, aunque ahora con elementos clasicistas, empleados con cierto anacronismo y arbitrariedad.
Una de las más importantes fue la catedral metropolitana de México, diseñada por Claudio de Arciniega, inaugurada en 1667, aunque se completó más tarde, con las características fachadas-retablo de las iglesias americanas, profusamente ornamentadas. En este templo se funde la planta de salón con la basílica, con cúpula sobre el crucero. Está dotado de columnas y bóvedas como en Europa, pero realizadas con materiales autóctonos, más ligeros, que producen un singular espacio diáfano y escalonado, de una monumentalidad insólita, en una fusión de culturas que caracterizan todo el arte iberoamericano de la Edad Moderna.

 Plano de época de la ciudad de Cartagena de Indias

Este mestizaje estilístico tuvo una de sus más peculiares manifestaciones artísticas autóctonas en las decoraciones, en las que se emplearon motivos europeos, como la columna salomónica o el estípite (pilar formado por troncos de pirámide invertidos), a veces caprichosamente interpretados , junto a elementos indígenas, como frutos locales, papayas o plátanos. Muchas de estas decoraciones son espesos estucos que inundan, en un frenesí de formas que no tiene límites, toda la superficie arquitectónica, como la iglesia del convento de Santo Domingo (1657), en Oaxaca, o la capilla del Rosario, en la iglesia del Convento de Santo Domingo (1690),en Puebla.

                                          
 Interior y Fachada Principal de la iglesia del convento de Santo Domingo, Oaxaca

El arte americano presenta características originales a causa de las influencias de los modelos peninsulares y del arte precolombino. En América, el Barroco se desarrolló desde mediados del siglo XVII hasta los comienzos del siglo XIX. 

Las características del arte barroco en América
Las obras artísticas realizadas en las colonias americanas presentan algunas características propias que las diferencian de las hechas en Europa. Esta situación se debió a la distancia existente entre las metrópolis y las colonias y a la ausencia en América de grandes artistas europeos. Fue decisiva la presencia de una tradición artística precolombina que influyó en la creación de un estilo particular. Objetos llegados del Asia sirvieron también como fuentes de inspiración, en especial, en el arte desarrollado en las colonias portuguesas y en la zona de la costa del Pacífico.
Los rasgos básicos del estilo barroco se transmitieron a América fundamentalmente por medio de la enseñanza de los religiosos, que utilizaban libros o estampas que contenían obras realiza-das por artistas europeos.
Asimismo, la presencia de artistas europeos, criollos, indígenas y mestizos contribuyó a crear un lenguaje plástico propio de cada una de las grandes regiones americanas.
Una de las principales características del Barroco americano es la importancia que adquirió la arquitectura con respecto a las otras artes. Esta propuesta se debe a la necesidad de crear iglesias para recibir a las poblaciones recientemente cristianizadas. Otra característica importante es la rica decoración de las fachadas y los interiores de los edificios. 

La Escuela Quiteña (siglo XVI, XVII)

 La compañía de Jesús- Quito

La Escuela Quiteña, es como se ha llamado al conjunto de manifestaciones artísticas y de artistas que se desarrolló en el territorio de la Real Audiencia de Quito, desde Pasto y Popayán por el norte hasta Piura y Cajamarca por el sur, durante el período colonial (segunda mitad del S. XVI, XVII, XVIII y primer cuarto del S. XIX); es decir durante la dominación española (1542-1824).
También se la considera como una forma de producción artística y fue una de las actividades más importantes desde el punto de vista económico en la Real Audiencia de Quito.
Se considera que su origen es la escuela de Artes y Oficios, fundada en 1552 por el sacerdote franciscano Jodoco Ricke, quien junto a Fray Pedro Gosseal transforma el colegio San Andrés, en el lugar donde se forman los primeros artistas indígenas.
Como expresión cultural es el resultado de un dilatado proceso de transculturación entre lo aborigen y lo europeo y es una de las manifestaciones más ricas del mestizaje y del sincretismo, en el cual aparentemente la participación del indígena vencido es de menor importancia frente al aporte europeo dominante.
La Escuela Quiteña, es rica en leyendas, belleza y virtuosismo. Incluso llamarla Escuela Quiteña, según los entendidos, es impropio, por la ausencia de una definición de sus características desde la historia del arte. Pero vale permitirse esta licencia en nombre del encanto del paseo y de la creencia generalizada de los orgullosos habitantes de Quito, la capital ecuatoriana. Cuando nos referimos a la escuela quiteña, estamos hablando de la obsesión por el detalle. Echar un vistazo a las obras creadas por el genio colonial quiteño implica estar dispuesto a hacer muecas (a veces de sorpresa, a veces de horror) y también a saborear la obsesión (tan barroca) por el detalle en exceso.
Características:
Como fruto del sincretismo cultural y del mestizaje las obras de la Escuela Quiteña se caracterizan por la combinación y adaptación de rasgos europeos e indigenistas y en sus etapas refleja todos los estilos imperantes en cada época en España y así tiene elementos renacentistas y manieristas; durante su apogeo es eminentemente barroca concluyendo con una corta etapa rococó que desemboca en un incipiente neoclasicismo hacia la fase de transición a la etapa republicana.

Arquitectura:

 Iglesia de San Agustín-Quito

Sobre los edificios arquitectónicos de Quito, se puede observar como la luz golpea la piedra y deja su sombra sobre las fachadas de piedra y barro, las texturas se manifiestan en toda su gracia, sutil, y a veces dura, pero siempre plástica.
Estas paredes atesoran el producto de las manos creativas de artesanos locales que aprendieron nuevos lenguajes y códigos a partir de 1534 cuando España funda Quito sobre antiguos asentamientos indígenas. Allí nace el período colonial, cuando la ciudad experimenta la construcción de sus principales monumentos religiosos depositarios de obras de arte invalorables. Son los tiempos en el que el Barroco se derrocha por todas partes, es la voluntad por lo por lo voluptuoso y sobrecargado, ese horror al vacío, se transforma en arte enérgico, que se levanta en ese Quito.
Los gruesos muros que limitan estos templos de arte colonial son testigos de innumerables acontecimientos, como el del convento de San Agustín donde se firmó el Acta de Independencia del Ecuador.
América y España se unen en el Arte, la potencia creativa local, más su cosmovisión indígena, junto con los códigos ancestrales europeos de la época logran una fusión que se verifica en las creaciones artísticas y arquitectónicas.
El convento de San Agustín, es uno de los más antiguos de Quito, es también llamado el Convento del Oro de América, allí podemos ver hoy lienzos de los artistas ecuatorianos Miguel de Santiago, Luis Carrera y otros atribuidos a la Escuela Quiteña del siglo XVII. Lo primero que llama la atención en éste convento, es la continuidad a lo largo de cuatro corredores de cuadros enormes de un mismo personaje, los cuales están plasmados por la vida y los milagros de San Agustín, una de las obras cumbre del pintor quiteño Miguel de Santiago,  mayor exponente de la pintura en la Escuela Quiteña. La serie pintada entre 1656 y 1659 por Miguel de Santiago y sus discípulos  desarrolla con maestría las técnicas de luz y sombra que dan vida al claroscuro. Todas las piezas de la Sala Capitular pertenecen a la escuela de arte de Quito, trabajadas a lo largo del XVII y XVIII: la sillería, el artesonado mudéjar, hasta el magnífico y sufridísimo Cristo del retablo de José Olmos, más conocido como Pampite (1670- 1730), escultor famoso por sus trabajos de policromía y realismo desmesurados.  Otra de las obras de ésta escuela es la Regla o el Cuadro de los mil rostros, pintados por Miguel de Santiago, ésta obra tiene ocho metros de alto por seis de ancho, donde ninguna de  las caras que aparecen en el lienzo se repiten.


Iglesia de San Fracisco- Quito

Quito tiene tanto arte religioso que es imposible sintetizarlo en pocas líneas, pero no podemos dejar de mencionar a todo el conjunto de San Francisco, el más grande, y una joya de América toda, tampoco a la Iglesia y Convento de Santo Domingo lugar ineludible en un recorrido por el arte religioso quiteño, a iglesia de la Compañía que es, sin lugar a dudas, el mayor y mejor ejemplo del arte Barroco de la Escuela Quiteña y uno de los mayores monumentos de esa corriente en la América Hispánica y en todo el mundo.

Pintura y Escultura:
 Virgen alada pintura de Miguel de Santiago, exponente de la escuela quiteña del siglo XVII.
 
Con respecto a la pintura y escultura de la escuela quiteña, a más de los aportes españoles, recibe múltiples influencias flamencas, italianas y moriscas, las cuales íntimamente enraizadas en la tradición indoamericana, le dan una particularidad especial, diversa de sus fuentes, pues su resultado es mestizo.
 Virgen de Quito, escultura mas famosa de Bernardo de Legarda, s.XVII
 
Una de sus características comunes de la Escuela es su técnica de encarnado (como se llama en pintura y escultura a la simulación del color de la carne del cuerpo humano) que da una apariencia más natural a la piel del rostro de las esculturas. una vez que la pieza estaba tallada y perfectamente lijada, el oficial del taller procedía a recubrir la madera con varias capas de yeso con cola; luego de cada capa, se pulía perfectamente hasta conseguir un acabado perfectamente liso; luego de lo cual se daba el color en varias capas sumamente fluidas que se transparentaban permitiendo la mezcla óptica de los colores superpuestos; se iniciaba con los colores de sombras (azules, verdes, ocres); luego se daban los colores claros (blanco, rosa, amarillo); para terminar con los colores de resalte (naranja y rojo para las mejillas sonrosadas, las rodillas y codos de los niños; azul oscuro, verde, violeta, para las heridas y moretones de los Cristos o para las sombras de la barba incipiente de personajes imberbes.


Las características que denotan su raigambre indígena son:
  • Se da una quiteñización de los personajes, muchos tienen rasgos mestizos y atuendos locales;
  • Aparecen con frecuencia costumbres ancestrales aborígenes;
  • Las escenas se ubican en un ambiente propio del paisaje andino, de sus ciudades, de su arquitectura;
  • Existe la presencia de fauna local (llamas en lugar de camellos y caballos; cuy en sustitución del Cordero Pascual; monos, zarigüeyas, tapires, felinos, junto con los clásicos borregos de los pastores, etc.), y la flora nativa se descubre en guirnaldas, bordados, incrustaciones, platería, tallas, etc.) al igual que la adopción de plantas vernáculas sustituyendo las de la iconografía tradicional europea; · en escultura y pintura hay presencia de personajes y costumbres propios del medio; · el ejecutor de la obra de arte es el artesano local, de milenaria tradición artística propia; se da una adopción por "naturalización" de los santos europeos.
 
OBRA: La Sábana Santa – Caspicara (siglo XVII)


Análisis sensorial:
La primera idea que obtengo al observar esta obra, es el sufrimiento de Jesús el cual cae rendido en las piernas de María, la cual tiene un rostro de dolor, angustia y desconsuelo, al ver a su hijo morir. Es una obra que muestra en la cual podemos observar los elementos representativos de las esculturas de la Escuela quiteña. Ésta escultura es un claro ejemplo de cómo se manejaba la técnica de encarnado, ya que claramente podemos observar simulación del color de la carne del cuerpo humano, así también la sangre, los moretones y golpes que tiene Jesús por su cuerpo.
Análisis sociológico:
Escultor ecuatoriano del siglo XVlI. Manuel Chilli, más conocido por Caspicara, trabajó en Quito, en cuya ciudad y durante los Siglos XVII y XVIII los talleres de artistas fueron el filón que nutrió de escultura a América del Sur. Allí se formó Caspicara, indio de origen. Caspicara transmitió a su escultura, de una manera directa y cabal, toda la devoción y el sentimiento religioso de los hombres de su tiempo.
Análisis simbólico:
Los temas de la escultura de Caspicara, eran siempre religiosos y su técnica, la talla en madera, policromada, le convierten en un seguidor notable de la más castiza tradición imaginaria hispánica trasplantada a América.
En la obra la Sábana Santa, se puede observar claramente lo que el artista quería expresar, que es el sufrimiento y el dolor que se puede observar que tiene por las varias heridas que tiene en su cuerpo.
Análisis ideológico:
Ésta obra tiene un profundo arraigo en la sensibilidad y creencias del pueblo quiteño, lo que explica el aprecio y el número de encargos que se le hicieron a Caspicara a lo largo de su vida.
Por medio de ésta obra se puede ver la trascendencia del arte espiritual que tenía Caspicara durante la Escuela quiteña. A escultores y pintores quiteños, como ha Caspicara, no les interesaba que su nombre perdure. Le interesaba que su obra sea fiel transmisora de la Idea esencial que deseaba mostrar. Así, la obra se presenta en soporte o base para la meditación espiritual.
Análisis estilístico:
 En esta obra de Caspicara, se ve claramente la técnica que se utilizaba especialmente en esculturas, que es la técnica de encarnado; Otra característica de ésta escultura es la representación ondulada del movimiento de los cuerpos. El  trabajo escultórico de Caspicara, al igual que la mayor parte de esculturas de la Escuela quiteña,  tiene una personalidad más vigorosa y definida que el pictórico. No hace falta tener un ojo entrenado ni conocimientos especiales para inclinarse de inmediato por la escultura quiteña de tiempos de la Colonia.
Análisis biográfico:
Caspicara aprendió su oficio en alguno de los abundantes talleres quiteños que atendían a los numerosos encargos que les venían de casi todos los puntos del continente. A la técnica, sensibilidad y formas de la escultura tradicional, Caspicara incorporó, como ningún otro maestro de su tiempo, el espíritu del pueblo y la sensibilidad de lo sencillo. La impresión de las llagas a San Francisco, realizada para la iglesia de la Cantuña (Quito), es un expresivo ejemplo de la sensibilidad popular del escultor y de su carácter nato de imaginero.
La obra de Caspicara fue extensa y abarcó, si se compara con la de sus contemporáneos, un amplio número de modalidades. No sólo se limitó a la escultura de retablos o imágenes, como la espléndida Virgen del Carmen, de la iglesia de San Francisco de Quito, en la que se nos presenta como un maestro de técnica refinada, sino que también realizó grupos escultóricos, tema éste poco frecuente en la escultura quiteña. Los trabajos de Caspicara también incluyen otros temas, como las Virtudes, que realiza para el coro de la catedral.
 
El Barroco  Mexicano

 Catedral de zacatecas- México

En México, la mano de obra indígena transmitió ciertos caracteres que recuerdan los de las artes prehispánicas. En el siglo XVII, nació el estilo colonial, interpretación americana del Barroco, este produjo una fabulosa cantidad de monumentos; el aporte indígena cobro jerarquía propia y gradualmente los indios se adentraron en las creaciones arquitectónicas, primero como ayudantes de sus maestros y luego crearon ellos mismos obras arquitectónicas resolviendo los problemas de forma y color. Las ciudades mexicanas se poblaron con las muestras extraordinarias de este movimiento como catedrales, templos, palacios, capillas, ayuntamientos y casonas.
Lo Barroco se puede encuentra en la decoración de la catedral de México, con retablos de gran belleza; en la iglesia de la Santísima Trinidad, que fue construida por Lorenzo Rodríguez entre 1755 y 1786.
El arte barroco mexicano, se convirtió en una clave para la identidad iberoamericana. En México las dos culturas que se fusionaron en la Colonia, la Indígena y la Española, poseían un profundo sentido religioso en el que se mezclaron ritos, leyendas y antiguas creencias que desembocaron en una nueva concepción, una nueva cultura que dio paso a lo que hoy conocemos como; México. El indígena aún no se recuperaba de la sorpresa causada por la ruda invasión, cuando ya se encontraba trabajando arduamente en la construcción de templos y edificios. Estas estructuras tuvieron diferentes corrientes que diseñaron y llevaron a cabo el estilo de estas obras.
 Convento de Acolman- Teotihuacan
Arquitectura:
Más o menos hacia mediados del siglo XVII, se comenzaron a manifestar renovadores cambios en la arquitectura de la ciudad de México. Obedeciendo a una tendencia de carácter universal, se produjo una tensión entre los arquitectos conservadores y los de vanguardia de aquella época; esto es, entre quienes todavía consideraban válida y vigente la arquitectura manierista y entre aquellos que, buscando una mayor riqueza de expresión, comenzaron a desarrollar y a incorporar en sus obras los nuevos elementos barrocos prefigurados en la poesía de la época.
Es así como en este siglo se inicia la producción importante de la arquitectura barroca. Durante este período, hasta cuyo inicio la arquitectura se expresara de una manera más bien sobria, con tendencias clasicistas arraigadas en el barroco español, el nuevo estilo adquiere madurez; llegando finalmente, en el siglo XVIII, hasta su máxima expresión en las formas del churrigueresco. Hasta este momento, los teóricos tuvieron una concepción del barroco muy general; todavía se pueden encontrar perfiles rectos y entrepaños sin decorar; solo las alteraciones más obvias del arte clásico habían sido tomadas en cuenta, como la utilización de columnas salomónicas, pilastras estípites; cornisas de amplio movimiento, vanos mixtilíneos, frontones rotos y profusa ornamentación.
La arquitectura también fue un vehículo para la evangelización. Los primeros conventos y las primeras iglesias americanas, de estilo renacentista, tendrán aspecto de fortaleza, debido al carácter de frontera de las Indias, como el convento de Acolmán en el valle de Teotihuacán, o el convento de Actopán, en Hidalgo, México. Pero es en los siglos XVII y XVIII cuando se construyeron los mejores ejemplos de la arquitectura americana, sobre todo gracias a las catedrales.
En la catedral de México, trabajan Claudio Arciniega y Juan Miguel Agüero, donde trabajó, también, Lorenzo Rodríguez: fachada del Sagrario, y Luis Gómez de Trasmonte: fachada central. La catedral de México se convertirá en el paradigma de la arquitectura colonial. Francisco Becerra levantará la catedral de Puebla según este modelo.
Otro de los grandes arquitectos mexicanos es Francisco Antonio Guerrero y Torres: capilla del Pocito, en Puebla, que gusta del colorido brillante de los ladrillos vidriados y la cerámica; además construye numerosas casas señoriales para la burguesía mexicana: palacio de Jaral de Berrio. Su decoración recuerda los motivos aztecas. En Puebla aparece una escuela barroca tan activa como poco conocida. De su mano salieron los santuarios de Ocotlán de Tlaxcala, y de San Francisco de Acatepec, dos magníficos ejemplos del rococó mexicano de autor desconocido.  La catedral de México se convertirá en el paradigma de la arquitectura colonial. Francisco Becerra levantará la catedral de Puebla según este modelo.

 Convento de Actopan-México

En el barroco mexicano surge la voluntaria alteración en las proporciones de los elementos arquitectónicos; la multiplicación y realce de las formas en los arcos, la incorporación en los frontones de abundantes, irregulares y realzadas molduras. La columna se convierte en pilastra exuberantemente ornamentada; se decoran todos los entrepaños; las líneas se rompen hasta el infinito, y la talla y la escultura se convierten en elementos decorativos definitorios de la fábrica de los edificios.
El barroco no es simplemente un estilo arquitectónico, sino una forma de vida propia de los mexicanos que, en cada decorado, en cada figura representada y exaltada con bellos y brillantes colores, simboliza su deseo de ver reflejados sus pensamientos, valores y creencias en los principales recintos de sus ciudades.
La plaza central de la capital del país es el máximo ejemplo del arte barroco del siglo XVII; en ella que se construyeron piezas invaluables que han perdurado a pesar del tiempo. Tal es el caso de la Catedral, que contiene detalles suspendidos en los frisos, pinturas en los retablos con los personajes y figuras más importantes de entonces.

 La Nueva España
En la Nueva España, pues, se exploraron nuevas opciones compositivas. De esta época datan inmensa cantidad de construcciones como la portada original del Templo de Santa Trinidad, la iglesia de Santa Clara y la reconstrucción de San Agustín.
Entre los constructores que contribuyeron a caracterizar la primera mitad del siglo XVII destaca fray Andrés de San Miguel, hermano lego de los carmelitas descalzos: el construyó el conjunto del Desierto de los Leones en Cuajimalpa, el colegio de San Ángel y los conventos de Querétaro, Salvatierra y San Sebastián.

Escultura y Pintura:
En la pintura y la escultura, es cierto que continúa predominando un espíritu de religiosidad en la vida y en las costumbres, pero menos riguroso que en el siglo XVI. Por entonces empieza a perder importancia el culto a la virgen española de los Remedios frente al de la virgen de Guadalupe bajo cuyo signo se pretende ahora conjurar las calamidades y los desastres. Al amparo del guadalupanismo va a ir surgiendo también, el sentimiento de la nacionalidad.

Las obras eclesiásticas eran, evidentemente las más importantes, no sólo por sus dimensiones sino porque tenían mayor apoyo, sobre todo gracias a las clases más poderosas económicamente. Entre los pintores más importantes del XVII podemos citar a Baltasar Echave Rioja, seguidor de Murillo y Rubens y que pintó, por sólo citar un par de sus obras el Martirio de san Pedro de Arbués que le solicitó el Santo Oficio y los Tributos de la Eucaristía, la Fé y la Iglesia. José de Juárez (de la primera mitad), fue otro de los artistas de gran notoriedad en aquel periodo.
Juan Correa, trabajó intensamente de 1671 a 1716 y alcanzó gran prestigio y fama por la calidad de su dibujo y la dimensión de algunas de sus obras. Entre las más conocidos: Apocalipsis en la Catedral de México, La conversión de Santa María Magdalena, hoy en la Pinacoteca Virreinal y Santa Catarina y Adán y Eva arrojados del paraíso este último en el Museo del Virreinato de Tepoztlán.
Cristóbal de Villalpando, considerado el pintor más representativo de la segunda mitad del siglo XVII novohispano y que, como muchos artistas de su época trabajó más para la iglesia que para particulares o instituciones y trabajó tanto en pequeño como en gran formato. Algunas de sus obras son La apoteosis de San Miguel, Los desposorios de la Virgen y La huida a Egipto, todos ellos representativos de la calidad de la pintura barroca en la Nueva España.
Otros pintores novohispanos importantes de este siglo fueron son Rodrigo de la Piedra, Antonio de Santander, Bernardino Polo, Juan de Villalobos, Juan Salguero y Juan de Herrera.

 Los desposorios de la Virgen

Los primeros artistas que destacan en México son europeos: Peyrens, Andrés de la Concha y Baltazar Echave. Sus obras son de tendencia religiosa. Y por esto los primeros pintores barrocos nacidos en México son hijos de los anteriores y, como ellos, pintan la vida de los santos, que es una clara característica del Barroco. Posteriormente, Velasco, Villalpando y Correa, incursionan en los mismos temas. Su estilo es claramente barroco y simbólico.
Entre los pintores más importantes del XVII podemos citar a Baltasar Echave Rioja, seguidor de Murillo y Rubens y que pintó, por sólo citar un par de sus obras el Martirio de san Pedro de Arbués que le solicitó el Santo Oficio y los Tributos de la Eucaristía, la Fe y la Iglesia. José de Juárez (de la primera mitad), fue otro de los artistas de gran notoriedad en aquel periodo.

La escultura barroca se caracteriza por su fuerza y su monumentalidad, su movimiento compositivo, su dinamismo, proyectado hacia fuera, sus composiciones diagonales, su expresividad y su tratamiento de la ropa.

El hombre creador, en la sociedad de la Nueva España, está unido a todos los resortes que mueven a ésta, pero tratando simultáneamente de encontrar lo inmanente en su producto. El problema que se le presenta es el de pertenecer a un mundo inmutable y de miembros intocables; un mundo en el que ya nada se inventa ni nada se descubre y que se limita   a defenderse, a ampliarse y recrearse; que no acepta el cambio sino la permanencia.
Sin embargo, qué gran parte de la vida cultural y artística de México darle; pero al lado del acentuado fervor del sentimiento religioso, contrasta la relativa pobreza de sus creaciones –en el mismo terreno-. Esto se produce porque la doctrina, después de Trento, ya estaba hecha, y lo que importaba era vivirla, y la posición de la Iglesia no era sino un< mera actitud a la defensiva.
Advertimos en esta época que entre los intelectuales y artistas existe una doble y contradictoria posición: por un lado, las exigencias de su interés y curiosidad   investigadores, por otro, las recias fronteras que le imponen sus creencias. Muchos tratan de conciliar ambas en una imposible síntesis; otros abandonarán el campo por lo infructífero de su tarea.
  
OBRA: La Catedral de México


Análisis sensorial:
Al observar esta monumental obra, se puede observar claramente un exceso de detalles que tiene toda la fachada de ésta catedral.
Es una obra representa una síntesis de la Nueva España (México), es una obra representativa del Barroco hispanoamericano, pensar en el Barroco es pensar en la identidad hispanoamericana, tanto en su dimensión natural como cultural.
Análisis sociológico:
En México, la mano de obra indígena transmitió ciertos caracteres que recuerdan los de las artes prehispánicas. En el siglo XVII, se establece el período colonial, que había comenzado después de la conquista de los aztecas en 1521 por Hernán Cortés. Este estilo representa la interpretación americana del Barroco, este produjo una inmensa cantidad de monumentos; el aporte indígena cobró jerarquía propia y gradualmente los indios se adentraron en las creaciones arquitectónicas, primero como ayudantes de sus maestros y luego crearon ellos mismos obras arquitectónicas resolviendo los problemas de forma y color. Las ciudades mexicanas se poblaron con las muestras extraordinarias de este movimiento como catedrales, templos, palacios, capillas, ayuntamientos y casonas.
Análisis simbólico:
La Catedral de México es una síntesis del arte de la Nueva España: heredera del Templo Mayor de Tenochtitlan, de la tradición catedralicia medieval y de las devociones coloniales. Como parte del Zócalo, la catedral es centro simbólico, en torno al que se desarrolla la vida cotidiana de la urbe mexicana. Tras sus imponentes fachadas barrocas y neoclásicas llenas de luz, se penetra a la penumbra del espacio sagrado, con sus cinco naves, capillas, retablos y pinturas. Destacan el Altar del Perdón, las capillas laterales, la sacristía y el magnífico retablo de los reyes. Considerada como el primer monumento religioso de América, la Catedral Metropolitana de México fue edificada a lo largo de 218 años por 16 arquitectos. Ha resistido sismos, incendios y hundimientos por más de 400 años.
Es por ello que la catedral no sólo es una obra arquitectónica notable, ya que a lo largo de su historia ha fungido como centro social, refugio de pecadores, triunfo del clero secular, antorcha de revueltas, cripta de reposo y centro visible de una nación.
Análisis ideológico:
La palabra catedral significa lugar donde está la silla desde la cual el maestro imparte la cátedra a sus alumnos; en el caso de la catedral como templo es desde donde se enseña y gobierna la jurisdicción eclesiástica. Ésta obra pertenece al llamado Barroco sobrio.
Análisis estilístico:
La Catedral es el edificio religioso mas importante de Mexico y del Continente Americano, mide 109 metros de largo, 59 de ancho y 65 metros de altura. Tiene 5 naves con 14 capillas, sacristía, sala capitular, coro y criptas. Esta Catedral está dedicada a La Asunción de la Virgen María, por eso se le podría llamar Catedral de la Asunción.
El período Barroco mexicano dura 2 siglos: el siglo XVII y el XVIII, en ese tiempo, se manifiestan diferentes tendencias del arte (7-11):
1.    El plateresco, un arte de transición que se distingue por sus adornos parecidos a los trabajos de orfebrería sobre edificaos renacentistas. El Barroco plateresco tuvo un período de duración aproximadamente corto, probablemente de 1580 a 1630. Se caracterizó por el empleo de decoración vegetal en las enjutas de puertas y arcos, columnas divididas en tres secciones decoradas con estrías dispuestas de manera vertical, horizontal o en forma de grecas en zig-zag y cornisas sobresalientes).
2.    Un Primer período de Barroco sobrio, visible en las catedrales de México y Puebla.
Análisis biográfico:
Claudio de Arciniega (Arceniega c. 1527 - México, 1593) arquitecto español de origen vasco que trabajó en México.
La personalidad de la mayoría de los arquitectos españoles que pasan a Nueva España en el siglo XVI nos resulta insuficientemente conocida, es más lo que sabemos acerca de las obras mismas que de sus propios autores. De la vida de Arciniega se sabe muy poco: que nació alrededor de 1527, probablemente y según se deduce de su apellido en la villa alavesa de Arceniega, que en España trabajó también en Madrid y Guadalajara, encontrándose en México poco después de mediar el siglo y que disfrutó de una gran estimación entre sus contemporáneos. Cervantes de Salazar le llama, arquitecto excelente. Y, en efecto, a su cargo debieron estar importantes obras, pues en 1578 se le otorga el nombramiento de obrero mayor de la Nueva España.

La Escuela Cusqueña

Virgen de la Leche

Se denomina Escuela Cuzqueña,  a un estilo artístico propio del período de las colonias americanas, que tuvo su más característica producción en la ciudad peruana de Cuzco, entre los siglos XVII y XVIII. El gran propulsor de la escuela cusqueña fue el obispo del Cusco Manuel de Mollinedo y Angulo quien llegó en 1673. Su obra fue la reconstrucción de las iglesias dañadas por el terremoto de 1650, con tal propósito se hizo la re-decoración total de la catedral.
Tiene como característica representar paisajes que no son andinos, sino más bien fondos paradisiacos marinos o boscosos.
La vestimenta de los personajes es revestida con algunas líneas finas de oro. Una creación cusqueña es la representación arcángeles arcabuceros. El arcabuz está asociado al sonido del trueno, que además fue considerado un dios andino.
El éxito fue tal que en el segundo tercio del siglo XVIII los talleres produjeron obras religiosas en serie. La difusión alcanzó desde Santiago de Chile y La Plata hasta Trujillo y Cajamarca y en algunos casos hasta México.
La escuela cuzqueña, que integraba una enorme cantidad de artesanos reunidos en diversos talleres, se reconoce por el estilo barroco de sus pinturas y esculturas; el motivo principal de éstas era recrear pasajes bíblicos, escenas religiosas ocurridas en territorio americano (milagros de aparición, principalmente) y a santos y mártires asociados al proceso de evangelización de las colonias.

Las obras de la escuela cuzqueña se reconocen por seguir un patrón común de representación, por integrar visualmente elementos iconográficos católicos occidentales con motivos del imaginario indígena, y por el uso de tonos ocres para la pintura y de madera policromada para las esculturas.
Fundadores de La Escuela Cusqueña
Bernardo Bitti (1548 – 1610), fue además de pintor sacerdote jesuita. Llegó al Perú en 1575. No era manierista sino de un estilo “contra maniera” y “anti maniera”. Su obra cumbre fue “Coronación de la Virgen” (1580), se exhibe en la iglesia San Pedro. En 1592 se encuentra con Mateo Pérez de Alesio, de quien recibe la influencia de pintar las “madonas”.
Mateo Pérez de Alesio (1547 – 1606), llegó a Lima en 1588. Su pintura más célebre es “La virgen de la Leche”, una de cuyas réplicas fue venerada por Santa Rosa de Lima y aún se conserva en su santuario.
Antes de llegar al Perú, en 1572, había pintado un fresco a la entrada de la Capilla Sixtina “La Disputa del Cuerpo de Moisés”.
Arquitectura:
Cusco, la antigua sede imperial del Tahuantinsuyo incaico, estuvo destinada a ejercer durante el Virreinato un papel de primer orden en el universo de las artes. Corazón y eje de la vida cultural, social, eclesiástica y política del sur de Perú, durante aquellos trescientos años de influencia ibérica plasmó en la arquitectura, escultura, orfebrería  y particularmente en pintura  un perfil que definió el carácter mestizo de una tensa y dramática simbiosis hispano-indígena cuya expresión mayor se manifestó en la vasta corriente plástica de la segunda mitad del siglo XVII y del siglo XVIII a la que tradicionalmente se ha llamado como Escuela Cusqueña.
En la Escuela Cuzqueña, se fusionaron motivos europeos e indígenas para crear una nueva forma de arte mundial.
A partir de la conquista española se fundan en el Perú nuevas ciudades, generalmente emplazadas sobre poblaciones ancestrales. Se inicia la incorporación y asimilación de nuevas técnicas y estilos peninsulares, que irán adquiriendo un perfil inconfundible. El trazado en damero de las nuevas urbes no se aplica en el Cusco, la histórica capital inca, sobre cuyos templos y palacios de piedra se levantará el nuevo perfil hispano.
Pintura:
La célebre escuela de pintura cuzqueña o pintura colonial cusqueña, se caracteriza por su originalidad y su gran valor artístico, los que pueden ser vistos como resultado de la confluencia de dos corrientes poderosas: la tradición artística occidental, por un lado, y el afán de los pintores indios y mestizos de expresar su realidad y su visión del mundo, por el otro.

 
La adoración de los Reyes Magos, pintura anónima realizada entre 1740 y 1760, perteneciente a la escuela Cuzqueña de Pintura. Es una representación mestiza de una célebre pintura de Rubens.

El aporte español y, en general europeo, a la Escuela cuzqueña de pintura, se da desde época muy temprana, cuando se inicia la construcción de la gran catedral de Cusco. Es la llegada del pintor italiano Bernardo Bitti en 1583, sin embargo, la que marca un primer momento del desarrollo del arte cusqueño. Este jesuita introduce en el Cusco una de las corrientes en boga en Europa de entonces, el manierismo, cuyas principales características eran el tratamiento de las figuras de manera un tanto alargada, con la luz focalizada en ellas y un acento en los primeros planos en desmedro del paisaje y, en general, los detalles.
El barroco en la pintura cuzqueña es sobre todo el resultado de la influencia de la corriente tenebrista a través de la obra de Francisco de Zurbarán y del uso como fuente de inspiración de los grabados con arte flamenco provenientes de Amberes. La creciente actividad de pintores indios y mestizos hacia fines del siglo XVII, hace que el término de Escuela Cuzqueña se ajuste más estrictamente a esta producción artística. esta pintura es "cuzqueña", por lo demás, no solo porque sale de manos de artistas locales, sino sobre todo porque se aleja de la influencia de las corrientes predominantes en el arte europeo y sigue su propio camino.

OBRA: Nuestra Señora de Belén, pintura anónima del siglo XVII 


Análisis sensorial:
Desde mi punto de vista, ésta pintura es muy estática y rígida, ya que se puede observar a María y Jesús, en una posición recta. Tiene forma de montaña. Como la mayor parte de vírgenes pintadas en ésta Escuela. Los colores cálidos dan una tranquilidad a ésta escena, en la cual alrededor de María están caras de ángeles.
Análisis sociológico:
El aporte español y, en general europeo, a la Escuela cuzqueña de pintura, se da desde época muy temprana, cuando se inicia la construcción de la gran catedral de Cusco. Es la llegada del pintor italiano Bernardo Bitti en 1583, sin embargo, la que marca un primer momento del desarrollo del arte cusqueño. Este jesuita introduce en el Cusco una de las corrientes en boga en Europa de entonces, el manierismo, cuyas principales características eran el tratamiento de las figuras de manera un tanto alargada, con la luz focalizada en ellas y un acento en los primeros planos en desmedro del paisaje y, en general, los detalles.
Análisis simbólico:
El autor de ésta obra es anónimo, la célebre escuela de pintura cuzqueña o pintura colonial cusqueña, se caracteriza por su originalidad y su gran valor artístico, los que pueden ser vistos como resultado de la confluencia de dos corrientes poderosas: la tradición artística occidental, por un lado, y el afán de los pintores indios y mestizos de expresar su realidad y su visión del mundo, por el otro.
Análisis estilístico:
El material en el que se desarrolló ésta obra fue, óleo, tiene un ancho de 58 centímetros y una altura de 60 centímetros.
La obra Nuestra Señora de Belén, tiene la forma triangular en forma de montaña de la imagen evocaría a la Pachamama o Madre Tierra de los antiguos peruanos.
La célebre Escuela de pintura cuzqueña o pintura colonial cusqueña, se caracteriza por su originalidad y su gran valor artístico, los que pueden ser vistos como resultado de la confluencia de dos corrientes poderosas: la tradición artística occidental, por un lado, y el afán de los pintores indios y mestizos de expresar su realidad y su visión del mundo, por el otro.

Escuela de Popayán

Iglesia San Franciosco- Popayán
 
Popayán, es ciudad de grandes hechizos, belleza, conflictos y adversidades. Todas las estancias de su historia y el carácter de sus habitantes llevan este sino. Lo confirman su pasado poder económico, cultural y político y la magnificencia de sus expresiones religiosas, alternos a la apertura de los caminos que impulsaron, desplazaron y, aún, aplacaron la opulencia y la belleza esplendorosa de su comarca;
El 15 de agosto de 1537, una vez alcanzada la conquista total de Popayán, se llevó a cabo la ceremonia de fundación solemne de "la nueva villa", conservando el nombre indígena de "Popayán". La ceremonia consistió en una primera misa cantada por el presbítero García Sánchez, en un humilde templo levantado como Catedral sobre el costado sur de la futura plaza. En esta misma ocasión se instaló el primer Cabildo.

Arquitectura:
Tanto Colombia como el Valle de Aburra han pasado por varios cambios arquitectónicos basados en la influencia de sus diferentes épocas.

Iglesia La Ermita- Popayán

Hemos visto evoluciones de cada época y como en cada una de ellas se ha implementado diferente tecnología, instrumentos y maneras de pensar, son demasiadas las variables que se involucran en el momento de cambiar de época.
La arquitectura colombiana ha tenido   influencias y manifestaciones, especialmente por la arquitectura de España, durante la época de la colonización española en Colombia.
La arquitectura colombiana se fragmenta en los períodos de arquitectura indígena, colonial la cual fu religiosa y militar, la arquitectura del siglo XIX fue la republicana entre los años (1880-1930), luego entro en un estado de transición entre los años (1930-1945) se paso a la arquitectura   modernista entre (1945-1970) y la arquitectura presente que es el resultado de la evolución.
Los españoles implantaron el estilo barroco en las construcciones del nuevo mundo, caracterizado por la abundancia ornamental tanto dentro como por fuera de las construcciones religiosas. En éste período se destaco el arquitecto alemán Simón Schenherr quien construyó iglesias de estilo barroco como; la iglesia de los jesuitas en Cartagena de Indias y la iglesia de La Encarnación en Popayán.
Las iglesias más conocidas del barroco son:
San Francisco. Según el arquitecto, crítico e historiador Germán Téllez, la fachada de este templo constituye la mejor muestra del barroco en toda Colombia. Su construcción fue comisionada por las familias Valencia y Arroyo. En la torre se encuentra la famosa campana donada por don Pedro Agustín de Valencia. Este templo es notable por el decorado de sus altares y la proporción de sus naves y ábside. En la plazoleta, objeto de una profunda y polémica transformación en el año 2004, se yergue el monumento al prócer payanés Camilo Torres, cuya réplica se encuentra ubicada en la plazoleta del Colegio Mayor de San Bartolomé en Bogotá.
Santo Domingo. Obra tardía del barroco neogranadino, diseñada por el arquitecto español Antonio García por encargo de la familia Arboleda. Posee excelentes muestras de aquitectura, orfebrería y mobiliario de las escuelas quiteña y española.

 Iglesia Santo Domingo- Popayán
 Iglesia y convento de San Agustín. Fray Jerónimo Escobar funda el convento de los Agustinos a finales del siglo XVII, cuyo templo fue destruido con el terremoto de 1736.
La Encarnación. Las monjas de la Encarnación fundaron en Popayán el primer colegio femenino de lo que hoy es Colombia. El templo actual data de 1764 y fue comisionado por la abadesa de turno, la madre Mariana de San Etanislao y Saa. Es el templo con el más hermoso tesoro de retablos barrocos forrados en pan de oro que posee la ciudad.

 Iglesia San José- Popayán
 
En Popayán la arquitectura permanece a menudo lisa y blanca, con ese famoso blanco impuesto por la Inquisición para combatir el ocre árabe. Situada en un valle en el corazón de los Andes, esta ciudad, reconstruida después del último temblor de tierra, me recuerda en su luminosidad el manierismo geométrico blanqueado de Andalucía, en Cádiz o en Huelva. Como la alada, se alza en la luz de su propia magia. La alada barroca de Popayán.

Pintura:
La pintura y la orfebrería con sus motivos más críticos: el dolor, su silencio y su "realismo" decorativo. Inmenso "Cristo" de la pasión, con su Cruz de madera de un solo soporte, y ese trabajo de orfebrería refinada que uno encuentra en todos los objetos religiosos de Popayán, entre ellos la asombrosa "Custodia de dos cabezas". Se sabe que el trabajo de orfebrería es una tradición indígena que se remonta al siglo VIII antes de Cristo, y del que hablan todos los cronistas españoles de la Conquista. Porque el oro como el sol tenía una función mágica, y los indígenas se habían hecho maestros en el arte de las aleaciones, entre ellas la de oro y plata.

 
Escultura:
OBRA: Virgen Alada de Popayán 


Análisis sensorial:
La idea principal que encuentro en ésta obra, es la semejanza que existe con la Virgen del Panecillo de Quito, ya que tiene varias similitudes como: la Virgen está parada sobre una culebra, que simboliza el pecado, de igual manera que la Virgen de Legarda  tiene alas, en sí la diferencia más notoria a mi parecer es la altura de las diferentes esculturas.
Análisis sociológico:
El 15 de agosto de 1537, una vez alcanzada la conquista total de Popayán, se llevó a cabo la ceremonia de fundación solemne de "la nueva villa", conservando el nombre indígena de "Popayán". La ceremonia consistió en una primera misa cantada por el presbítero García Sánchez, en un humilde templo levantado como Catedral sobre el costado sur de la futura plaza. En esta misma ocasión se instaló el primer Cabildo.
Análisis simbólico:
A la manera de los grandes ángeles del barroco italiano o español, "La Virgen alada" de Bernardo de Legarda, imagen de aparición y de elevación, como esas grandes águilas de los Andes que se encuentran sobre todo en Popayán, se despliega en la frontera de dos mundos. Por una parte, se eleva con sus alas de oro y su corona estrellada, como arrebatada por su "signo" divino y su rayo de oro zigzagueante. Pero por otra, mira lo que ocurre abajo, donde aplasta con sus pies y con sus dos filos de luna, las fuerzas oscuras del demonio, del dragón apocalíptico convertido en serpiente del pecado cristiano. Porque ella alza vuelo desde un zócalo bastante extraño, realizado por los artesanos de Popayán, aunque Bernardo de Legarda fuera escultor en Quito.
Análisis estilístico:
De todas las esculturas, pinturas y objetos religiosos expuestos en París, vestidos y envueltos en su escenografía llena de curvaturas, la Virgen alada es el símbolo, el síntoma y tal vez incluso la metáfora de todo el barroco de Popayán. En Popayán, tan marcado en el siglo XVI por la cultura andaluza y por la prodigiosa riqueza del oro -robado a las tumbas por los conquistadores españoles y después extraído de las aguas por los esclavos negros y los indios- la "Virgen alada" alcanza todo su vuelo barroco. Ella misma es el punto de encuentro de dos trazos estilísticos esenciales del barroco: el arte del movimiento y del pliegue infinito, y el arte de lo efímero, de un instante detenido, armado con afectos y devociones, que procura convencer a los "indígenas" y sugerir la meditación. Un signo por lo demás tan ambiguo como el arte barroco. Pues si todo barroco implica un dispositivo donde "Ser es Ver", hasta perderse en el éxtasis del enceguecimiento o de las tinieblas, aquí la visión religiosa no desemboca sin embargo en esa torsión loca que anhelaba Gracián: tener un ojo para "ver el ver", practicar una mirada anamórfica, una "Locura del ver".
Análisis biográfico:
Bernardo de Legarda fue un escultor ecuatoriano del siglo XVIII.
Virgen de Quito, la escultura más famosa de la escuela quiteña, obra de Bernardo de Legarda, siglo XVIII.
Es el artista quiteño que mejor personifica el arte de la escultura en la capital ecuatoriana y uno de los principales exponentes de la llamada escuela quiteña. Su primera intervención artística data de 1731, cuando restauró una imagen de San Lucas. En 1734 hizo una imagen de la Inmaculada para la iglesia de San Francisco, que gozó del favor popular, haciéndose de ella innumerables copias e imitaciones que se encuentran en Ecuador y Colombia. El tipo de Inmaculada, que se dice fue creado por Legarda, tenía antecedentes en España ya en el siglo XVII pero el imaginero quiteño creó una composición jugosa, llena de movimiento, casi musical; no inventó ningún tipo iconográfico, sino que supo plasmar el modelo en una composición feliz, que atrajo hacia sí la piedad popular, por ello se hicieron de él tantas imitaciones.
 
Escuela limeña


Como es de conocer el arte que se desarrolló antes de establecerse el Virreinato del Perú fue aquel que se caracterizaba por la abstracción o simbolismo (basado en una concepción geométrica de la realidad), conocemos de ello restos de murales polícromos a lo largo del territorio peruano, textiles, cerámica, etc.
Se puede decir que de la abstracción tuvo un encuentro con otra forma, la cual era más anecdótica para ellos, ya que se representa vivencias, retratos, etc.

Arquitectura:
La ciudad de Lima fue construida teniendo como modelo la cuadrícula, modelo que ha sido preservado hasta hoy y que se conoce como el "Damero de Pizarro". Las casas en la costa del Perú fueron hechas de adobe y luego ladrillo mientras que en la sierra fueron de piedra y luego "quincha". Cabe mencionar que los más grandes influyentes en cuanto al estilo arquitectónico fueron los terremotos de 1586, 1687 y 1746.
Durante el siglo XVII las murallas de Lima tuvieron un carácter defensivo más que delimitatorio. En 1610 se construye el Puente de Piedra en el actual Jr. Trujillo, ubicado detrás de Palacio Gobierno, la Alameda de los Descalzos (en extramuros pasando el río) que antiguamente tenía el nombre similar a la Alameda de Hércules en Sevilla. En 1613 los límites de la ciudad de Lima eran de n-s el Barrio de San Lázaro en el Rimac y de e-o el pueblo indígena del Cercado.

 Iglesia de Nuestra Señora de la Merced- Lima

Pintura:
La pintura de caballete en Lima estaba fuertemente influenciada por la pintura flamenca, más cerca hacia lo académico y con intencionalidad dinámica, motivo por el cual no tuvo mucha acogida el claroscurismo. De esta etapa destacan cuatro pintores Francisco Escobar, Diego de Aguilera, Andrés de Liebana y Pedro Fernández de Noriega. Estos artistas recibieron el encargo de realizar la denominada Serie de la vida de San Francisco compuesta por 12 pinturas que se encuentran en el claustro mayor del convento limeño.
Pedro Díaz, la obra de Díaz abarca un periodo muy importante pues se encuentra a finales del siglo XVIII e inicios del XIX. De este modo en sus pinturas observamos a los últimos representantes de la corte española en el Perú así como a personajes que forjaron la independencia americana. Entre su obra religiosa encontramos en la Iglesia de la Merced de Lima al Rey David, Pedro Nolasco, San José con el niño y a Santa Cecilia. En la Iglesia Santa Teresa de Ayacucho a San José con el Niño. En la Iglesia de Santo Domingo de Arequipa el retrato del Arzobispo José Triego y Caro.
El barroco llegó al virreinato peruano con las pinturas encargadas por el convento de Santo Domingo al gran pintor sevillano Miguel Güelles. Sus obras reunidas bajo la serie La muerte de Santo Domingo tuvo un impacto profundo en el medio limeño, pues su naturalismo e idealismo fueron las características comunes en las pinturas locales del siglo XVII.


Escultura:
Pedro de Noguera (catalán), inicialmente activo en Sevilla. Llega a Lima en 1619. Su obra sevillana, de gusto manierista, evoluciona hacia el barroco en obras como la sillería de la Catedral de Lima. Es nombrado maestro mayor de la Catedral de Lima. Entre sus obras figuran:
Cristo del Santo Entierro hermosa e inédita imagen que posesionaba en la Semana Santa de Lima de los años coloniales, se encuentra en la Iglesia de la Soledad, Lima.
Escultura Montañesina
Crucificado escultura ubicada en la capilla del Cristo de la Conciliación en la Iglesia de las Nazarenas de Lima. Este estilo se escapa de las características españolas, por la línea serpentinada, el sensualismo de las formas y el paño de pureza. Se observa un mayor acercamiento con los Cristos de las pinturas de Rubens.

OBRA: El Cristo del Auxilio


Análisis sensorial:
A través de esta escultura puedo observar el sufrimiento de Cristo, la escultura expresa el dolor y el momento en el que agoniza Cristo, es una obra por medio de la cual podemos captar claramente la idea que el autor quería que captemos. Es una obra muy trágica que tiene un contexto religioso sobre la crucifixión y muerte de Cristo.
Análisis contextual:
La ciudad de Lima, capital del Perú, fue fundada por el conquistador español Francisco Pizarro el 18 de enero de 1535 con el nombre de Ciudad de los Reyes, sin embargo, con el tiempo persistió su nombre original que, al parecer, provendría del idioma aymara (lima-limaq o flor amarilla) o del quechua rimaq, que significa “hablador”, por lo ruidoso de su río, el Rímac. En los primeros mapas del Perú se pueden ver conjuntamente el nombre de Lima con el de Ciudad de los Reyes.
Análisis simbólico:
El artista por medio de esta obra, Cristo del Auxilio en la Iglesia de la Merced de Lima. Nos quiere mostrar el sufrimiento y el dolor de la crucifixión de Cristo por medio de su escultura.
Análisis estilístico:
El material preferido con el que trabajó Juan Martínez Montañés fue siempre la madera policromada. En la policromía, que por contrato supervisaba, contó con la colaboración de grandes pintores, entre los que destacan Francisco Pacheco, Juan de Uceda y Baltasar Quintero, predominando la encarnación mate más cercana al efecto neutral
Casi toda su obra es de carácter religioso; en el campo profano solo se conocen las estatuas orantes de Alonso Pérez de Guzmán y su esposa María Alfonso Coronel, realizadas para la capilla mayor del monasterio de San Isidoro del Campo en Santiponce, y también la mencionada cabeza del rey Felipe IV, que se envió al escultor italiano Pietro Tacca y que no ha sido conservada.
Análisis biográfico:
Juan Martínez Montañés fue un escultor español que trabajó entre la escultura del Renacimiento y la del barroco. Se formó en Granada con Pablo de Rojas y completó su educación en Sevilla, donde se estableció para el resto de su vida, convirtiéndose en el máximo exponente de la escuela sevillana de imaginería. Prácticamente toda su obra fue de tema religioso, menos dos estatuas orantes y el retrato de Felipe IV. Recibió y realizó encargos para diversas ciudades del continente americano. En su tiempo fue conocido como el Lisipo andaluz y también como el Dios de la madera, por la gran facilidad y maestría que tenía al trabajar con dicho material.


Barroco Portugués


El Barroco portugués se lleva a cabo entre 1580 y 1756. En 1580, Portugal perdió su autonomía como país pasara a ser miembro del reino de España. En 1756 fundó la Arcadia Lusitana - una academia poética - y abrió un nuevo estilo: la Arcadia.
El Arte Barroco en España y Portugal muestra las consecuencias de los Grandes Descubrimientos y de la afluencia de riquezas del Nuevo Mundo en la arquitectura y el arte de la Península Ibérica durante los tres siglos posteriores al descubrimiento de Colón (siglos XVI-XVIII). La España Plateresca y Mudéjar, el Siglo de Oro, el Barroco español y lusitano, y finalmente, el entusiasmo religioso del arte Ultra Barroco, serán el reflejo de las riquezas del imperio y mostrarán con el apagamiento de los oropeles, también su decadencia.

Arquitectura:
La arquitectura barroca en Portugal tiene una situación muy particular y un calendario diferente al resto de Europa. Está condicionada por varios factores políticos, artísticos y auge económico de varias fases y los distintos tipos de influencias externas, dando como resultado una mezcla única, a menudo mal entendido por aquellos que buscan ver el arte italiano, pero con distinta naturaleza y de sí mismo.


El barroco en realidad no siente gran falta de edificios, ya que permite transformar a través de la dorada, (pintura, baldosas, etc.) Lugares áridos en llamativos escenarios decorativos. Deje que la decoración aplicada posteriormente o, simplemente, la construcción del mismo tipo de decoración del edificio adaptado a los gustos de la época y lugar. Práctico e económico. Práctico y económico.

Pintura:

Durante el Barroco la pintura portuguesa,  adquiere un papel prioritario dentro de las manifestaciones artísticas. Siendo la expresión más característica del peso de la religión en los países católicos y del gusto burgués en los países protestantes
Se desarrollan nuevos géneros como los bodegones, paisajes, retratos, cuadros de género o costumbristas, así como se enriquece la iconografía de asunto religioso. Existe una tendencia y una búsqueda del realismo que se conjuga con lo teatral y lo efectista.
El color, la luz y el movimiento, son los elementos que definen la forma pictórica.
Mientras que la dinámica del espacio, la visión de las escenas en profundidad, la estructuración de las composiciones mediante diagonales y la distribución de manchas de luz y de color, configuran el espacio como algo dinámico, donde los contornos se diluyen y las figuras pierden relevancia frente a la unidad de la escena.
Escultura:
La escultura barroca portuguesa, se desarrolla a través de las creaciones arquitectónicas, sobre todo en estatuas, y también en la ornamentación de ciudades en plazas, jardines o fuentes,  también se manifestó en imágenes religiosas talladas en madera, en la llamada imaginería que esperaban despertar la fe del pueblo.



BIBLIOGRAFÍA:
- La Enciclopedia del Estudiante, Tomo 9, "Historia del Arte", Editorial Santillana.
-Historia del arte, "El Barroco 1600-1800", Editorial Santillana.

NETGRAFÍA:



 






 
 


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